Innovar para sobrevivir

No se trata de una moda: la innovación en las organizaciones es necesaria para mantenerse un paso adelante. Para lograrla hay que trabajar, fundamentalmente, con el capital humano.

De acuerdo con el diccionario de la Real Academia Española, innovar significa "mudar o alterar algo, introduciendo novedades". En un ambiente organizacional, esto podría interpretarse como la generación de prácticas que antes no existían, la creación de un producto, la introducción de más servicios o el desarrollo de nuevos procesos; es decir, algo que aporte valor en comparación con las soluciones ya existentes.

Habitualmente se cree que para innovar es necesario trabajar con tecnología. Sin embargo, la innovación no se restringe a ésta sino que, por el contrario, para fomentarla hay que trabajar, fundamentalmente, con el capital humano.

Para ello no es requisito contar con personas iluminadas o excepcionales dentro del staff; lo más importante es, en principio, tener la convicción de que no hay una sola respuesta para las cosas y que no todo está inventado.

Tampoco se requieren ideas revolucionarias, con una serie de pequeñas innovaciones incrementales basta para potenciar el cambio en una empresa.


Imaginar nuevos caminos

No es cuestión de apelar a un golpe de suerte o a un instante de inspiración. Para innovar, hay que entrenarse en ese hábito, en una disciplina, aunque también hace falta evitar los prejuicios que inhiben la creatividad.

En este sentido, uno de los elementos críticos a la hora de instalar una cultura de innovación en una organización es el temor al fracaso, al ridículo, a sonar disparatado.

Por eso, para que se produzcan innovaciones, es necesario implementar ideas creativas y, para eso, hace falta estimular en el personal cuatro rasgos primordiales: conciencia, curiosidad, focalización e iniciativa.

Incentivar el sentido de conciencia se refiere a evitar el pensamiento automático porque, para innovar, hay que estar despiertos y atentos al presente, es decir, tener conciencia de uno mismo y de las circunstancias externas. Al mismo tiempo, para ser conscientes, hay que usar todos los sentidos y mirar detenidamente los procesos para ver cómo y por qué funcionan.

En cuanto a la curiosidad, es importante que los empleados tengan inquietudes y se cuestionen el porqué de las cosas. Se trata de observar, captar lo desconocido, arriesgarse y cometer errores. Es importante entender que cada persona o situación tiene algo que enseñarnos. Además, puede ser muy positivo buscar alternativas e intentar cosas nuevas.

Por último, la focalización se refiere a poner toda la atención en lo que se está haciendo, priorizar lo importante y relegar lo que quita energías; y la iniciativa remite al concepto de que, sin la acción, es imposible llevar a la práctica cualquier idea, por más talentosa que sea.


Diferentes estructuras

Hay varias arquitecturas organizacionales que apoyan la innovación.

Por ejemplo, equipos compuestos por personas de diferentes funciones, niveles y perspectivas que trabajan conjuntamente por un tiempo determinado para identificar oportunidades de innovación.

Otro caso son las redes de expertos que, dentro de una organización, tienen conocimientos especializados y son reconocidos como personas "a consultar" en determinados temas. En este caso, trabajan en conjunto para solucionar un asunto específico.

De una u otra forma, los modelos organizacionales necesitan fomentar la generación de ideas originales y crear un ámbito para la innovación, si desean mantenerse a la vanguardia.

Es decir, para que se aplique de manera práctica una idea creativa que genere un nuevo proceso o producto que le permita a la compañía permanecer actualizada y destacarse en el mundo competitivo de los negocios de hoy, lo ideal es estimular el pensamiento imaginativo y la invención, arriesgarse y, por qué no, aplicar lo lúdico a favor de lo productivo.